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Poliratas Peruanos... siempre los mismos

Todo acerca de los congresistas y politicos peruanos, las ultimas noticias, humor, sus frases y metidas de pata.

Burócratas

Andrés Bedoya Ugarteche - La Ortiga
Tomado del Diario Correo

Primer caso: Mi amiga Miriam (se han cambiado los nombres para proteger a los inocentes) sigue un trámite ante un juzgado de paz letrado para hacer correcciones en su partida de nacimiento. El juez acoge el procedimiento y ordena los cambios al Registro Civil. El expediente va luego al Reniec para los mismos cambios en el DNI. Allí cae en manos de un burócrata, un abogaducho, que –simplemente porque es un burócrata– bloquea todo el asunto, alegando que el trámite debió hacerse ante un juez especializado en lo civil. ¿Sacar plata? ¿Hacerse notar? Vaya usted a saber. El caso, al final, se resolvió, pero con varios meses de retraso.
Segundo caso: En el próximo mes de marzo cumplo setenta años de edad y ya poseo el DNI que “no caduca”. Mi edad y la no caducidad de mi DNI son los únicos requisitos para no tener que ir a votar en las próximas elecciones, ni ensuciarme el dedo ni hacer colas... En fin. Cometí, sin embargo, el error de conversar sobre el asunto con un burócrata de la ONPE, y la bestia me dijo que sí, que es así, que tengo razón conforme lo indica la Constitución, pero –siempre hay un pero– que tengo que solicitar una “dispensa”. Traté inútilmente de hacerle entender que las dispensas son para aquellas personas que sí están obligadas a votar, y que con ese criterio también tendrían que sacar “dispensa” todos los turistas que lleguen el día de la votación al país. Nada que hacer. ¡La pucha! Si algún placer supone llegar a los setenta es el de no tener que votar, sobre todo en un país al que nada ni nadie salvará de su próxima disolución... o conquista por parte de otro país... si el propietario del planeta, el Tío Sam, baja el dedo. Como dicen los chilenos, “harina tostáa... ná que hacer”.
El burócrata, el empleado público, es una suerte de bacteria social, en situación más vergonzosa que los mismísimos políticos, ya que aquellos viven de éstos. El burócrata es el parásito de los parásitos, la pulga de las pulgas, el microbio de los microbios. Sólo subsiste por amistad con los poderosos... o porque nadie sabe que existe.
¿Cómo llega el Homo sapiens sapiens a la triste condición de empleado público? Lo lleva en los genes. El burócrata, desde guagüito, ha sido una persona sin cara, un ser invisible de cuya existencia ni siquiera se percataban sus compañeros de nido. Un don nadie amorfo, sin personalidad, sin la suficiente inteligencia para sobrevivir de la actividad privada, sin el talento para estafar y sin los cojones para ser asaltante. Así, su único destino: la administración pública.
Allí el burócrata se halla en su garbanzal, ya que es tan inútil como la empresa pública para la que trabaja y tiene plena libertad para torpedear y detener el curso de los expedientes. Esto le da poder, se hace sentir y se siente feliz. El burócrata –desde el Presidente de la institución hasta el pobre diablo que limpia los baños– es genéticamente estúpido, con una diferencia: el obrerito mantiene su dignidad.
Hasta más vernos.

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